viernes, 21 de junio de 2013

El Papa Francisco introduce a San José en tres plegarias eucarísticas



El Papa introduce a San José en las otras Plegarias Eucarísticas

Ciudad del Vaticano (AICA): El santo padre Francisco, a través de un decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, decidió que San José sea invocado también en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV de la tercera edición típica del Misal Romano, colocándose después del nombre de la Bienaventurada Virgen María. El decreto “Paternas Vices”, firmado por el cardenal prefecto Antonio Cañizares y el arzobispo secretario Arthur Roche, fechado el 1 de mayo de 2013, memoria de San José Obrero, manifiesta así la decisión del papa Benedicto XVI de acoger las numerosas peticiones recibidas desde muchos lugares en este sentido, una decisión confirmada por su sucesor, el papa Francisco.

El santo padre Francisco, a través de un decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, decidió que San José sea invocado también en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV de la tercera edición típica del Misal Romano, colocándose después del nombre de la Bienaventurada Virgen María. El decreto “Paternas Vices”, firmado por el cardenal prefecto Antonio Cañizares y el arzobispo secretario Arthur Roche, fechado el 1 de mayo de 2013, memoria de San José Obrero, manifiesta así la decisión del papa Benedicto XVI de acoger las numerosas peticiones recibidas desde muchos lugares en este sentido, una decisión confirmada por su sucesor, el papa Francisco.

De este modo, en la tercera edición típica del Misal Romano deberá decir, respectivamente (en español):

II: “con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y…”

III: “con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires…”

IV: “con María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los santos…”

Texto completo del Decreto en español: (Prot. N. 215/11/LDecreto)

En el paterno cuidado de Jesús, que San José de Nazaret desempeñó, colocado como cabeza de la familia del Señor, respondió generosamente a la gracia, cumpliendo la misión recibida en la economía de la salvación y, uniéndose plenamente a los comienzos de los misterios de la salvación humana, se ha convertido en modelo ejemplar de la entrega humilde llevada a la perfección en la vida cristiana, y testimonio de las virtudes corrientes, sencillas y humanas, necesarias para que los hombres sean honestos y verdaderos seguidores de Cristo.

Este hombre justo, que ha cuidado amorosamente de la Madre de Dios y se ha dedicado con alegría a la educación de Jesucristo, se ha convertido en el custodio del tesoro más precioso de Dios Padre, y ha sido constantemente venerado por el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, como protector del cuerpo místico, que es la Iglesia.

En la Iglesia católica, los fieles han manifestado siempre una devoción ininterrumpida hacia San José y han honrado de manera constante y solemne la memoria del castísimo Esposo de la Madre de Dios, Patrono celestial de toda la Iglesia, hasta tal punto que el ya beato Juan XXIII, durante el Sagrado Concilio Ecuménico Vaticano II, decretó que se añadiera su nombre en el antiquísimo Canon Romano.

El sumo pontífice Benedicto XVI ha querido acoger y aprobar benévolamente los piadosos deseos que han llegado desde muchos lugares y que ahora, el Sumo Pontífice Francisco ha confirmado, considerando la plenitud de la comunión de los santos que, habiendo peregrinado un tiempo a nuestro lado, en el mundo, nos conducen a Cristo y nos unen a Él.

Por lo tanto, teniendo en cuenta todo esto, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en virtud de las facultades concedidas por el sumo pontífice Francisco, gustosamente decreta que el nombre de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María, se añada de ahora en adelante en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV de la tercera edición típica del Misal Romano, colocándose después del nombre de la bienaventurada Virgen María, como sigue:

II: “ut cum beáta Dei Genetríce Vírgine María, beáto Ioseph, eius Sponso, beátis Apóstolis”

III: “cum beatissíma Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum beátis Apóstolis”

IV: “cum beáta Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beáto Ioseph, eius Sponso, cum Apóstolis”

Por lo que se refiere a los textos redactados en lengua latina, se deben utilizar las fórmulas que ahora se declaran típicas. La misma Congregación se ocupará de proveer, a continuación, la traducción en las lenguas occidentales de mayor difusión; la redacción en otras lenguas deberá ser preparada, conforme a las normas del derecho, por la correspondiente Conferencia de Obispos y confirmada por la Sede Apostólica, a través de este Dicasterio.

No obstante cualquier cosa en contrario.

Dado en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el día 1 de mayo del 2013, memoria de San José Obrero.

Antonio, Card. Cañizares Llovera, Prefecto y monseñor Arthur Roche, secretario.+

Ciudad del Vaticano (AICA)
Miercoles 19 Jun 2013 | 11:23 am
Tomado de:




viernes, 7 de junio de 2013

Un artículo josefino para este año de la fe



San José en el Año de la Fe

El catecismo, para comunicar de la mejor manera los artículos de la fe, recurre a la palabra, a los símbolos y a la experiencia. Gracias a la catequesis, los niños de hoy no sólo aprenden a "manejar" la Biblia, sino sobre todo a fundamentar, a partir de la "Palabra de Dios", los contenidos de la fe. Aprenden a orar, "armando" el altar donde están la imagen de Cristo o de la Virgen, el cirio o veladora y las flores. y la "enseñanza" da comienzo a partir de "una experiencia de vida".

En efecto, la comunicación de fe que nos entrega, por ejemplo san Juan evangelista, es Cristo visto, tocado y compartido (cfr. 1Jn 1,1-3). "El experto —escribe Dietmar Mieth— es el que a través de intentos, pruebas, fallos y aciertos, ha reunido unos conocimientos haciéndolos carne de su carne. La experiencia en este sentido, no es transferible sin más: no se trasmite comunicando unos datos en forma "objetiva", sino conviviendo. La transmisión de experiencias vividas exige convivencia, al margen de que sea posible (pero no necesario) hacer iguales experiencias sobre la base de iguales condiciones" [Hacia una definición de la experiencia, Concilium 133 (1978) 357].

El fracaso no tiene la última palabra

En un número monográfico sobre el fracaso humano, el jesuita holandés Piet Schoonenberg escribe sobre "Dios y el fracaso humano", a partir de la novela "La última en el cadalso" de Gertrudis von Le Fort, escrita en 1931 y que despertó un nuevo interés, gracias a la adaptación cinematográfica de Georges Bernanos, Diálogo de Carmelitas, y a la reflexión de Hans Urs van Balthasar, El cristiano y la angustia.

Durante la Revolución Francesa, un grupo de Carmelitas fue guillotinado en París. Mientras subían al patíbulo, las monjas iban cantando el Himno al Espíritu Santo: "Ven, oh Santo Espíritu ... " Cuando faltaba la última estrofa y la guillotina había hecho lo suyo, una joven saliendo de entre la multitud, entonó el "La gloria le sea dada al Padre ... ", la estrofa última del Himno. Allí mismo fue ejecutada. Blanca de la Force —tal era el nombre de la joven—, por fin, superando la angustia y el miedo de los que había sido presa toda su vida, ofrece su vida tal como la había recibido.

Comenta Schoonenberg: "Del hombre que asume su fracaso ante Dios, que no lo niega, sino que se lo confía, podemos decir que presenta la ofrenda de su fracaso y de su angustia, pero nunca como un sacrificio que sea puramente muerte”. Gertrudis von Le Fort tampoco ha simbolizado eso en sus Carmelitas. Al contrario, éstas cantan al morir el Himno que pide la venida del Espíritu Creador de Dios, con lo cual —añade la novelista— se acaba el señorío del miedo y del caos. La muerte de estas mártires tiene una semejanza con la muerte de Jesús: abren el camino para una nueva venida del Espíritu. En Blanca, este hecho se hace incluso visible: toda su angustia se ha desvanecido ante una libertad imposible hasta entonces. "Quien asume su fracaso ante Dios, le da una posibilidad de acceso a su yo profundo y a los otros".

Cuando te pregunte tu hijo (Deuteronomio 6, 20)

El teólogo mariano René Laurentin hace notar que la bendición de María como Madre desemboca en la bienaventuranza según la fe: "y dichosa tú porque has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá" (Lucas 1, 45). Por lo mismo se lamenta de que "en la catequesis de hoy la figura de María queda a menudo desdibujada. Aparece como 'la mamá de Jesús' y 'la esposa de José'. Jesús tiene un papá y una mamá, igual que los niños y las niñas del catecismo, ni más ni menos. María -continúa afirmando Laurentin- es una silueta común, sin rostro espiritual. En la catequesis moderna, apenas se expone el dogma de su santidad" [Santa María, Concilium 149 (1979) 399-400].

Lo mismo sucede con San José. Urge por lo mismo acercar su "paternidad" a la bienaventuranza de la fe. (Cfr. Juan Pablo II, Custodio del Redentor, n. 4). De esta manera, su paternidad se ve iluminada por su santidad de vida. Como Abraham, su justicia le viene de su asentimiento de fe (Mateo 1, 19)·

Vista de tejas abajo, la vida de San José es "fracaso en el propio proyecto de vida". Dios le sale al encuentro con su proyecto distinto al que José había soñado. Además, el proyecto que Dios le presenta está en su final tronchado, inacabado; tiene que morir antes y no estará presente cuando el Plan de salvación se consuma en el Calvario y, sobre todo, en la Resurrección; aunque algunos aseguren que entre los resucitados, él está presente (cfr. Mt 27,52).

No podrá ser de otro modo, ya que "la vida de Jesús fue un verdadero fracaso históricamente, es decir, en las dimensiones de nuestra historia: un fracaso real, al menos desde un cierto punto de vista ... Pero su muerte y fracaso adquieren un valor salvífico y una amplia significación histórica precisamente porque acepta el fracaso de su vida y su mensaje por fidelidad a Dios, cuyo corazón es mayor que cualquier derrota y éxitos humanos" [Edward Schillebeeckx, Jesús y el fracaso de la vida humana, Concilium 113 (1976) 409-410].

La experiencia que tenemos de niños es que el crecimiento de nuestra fe se da en la cotidianidad de la vida, en el ámbito de la familia, principalmente por medio de los padres: al verlos rezar, aprendemos a buscar y dirigirnos a Dios; la fidelidad y fortaleza con las que luchan y se mantienen, a pesar de distintas dificultades ha templado nuestro ánimo y, a la postre, nos ha convencido de imitar sus actitudes.

Conviviendo con sus padres, María y José, de seguro Jesús aprendió a vivir y aceptar su destino. En ellos "la voluntad del Padre" es una guía segura. El acto de deponer la vida, como ella se nos da, en las manos de Dios, es acto de fe: «Si Isabel dijo de la Madre del Redentor: "Feliz la que ha creído", en cierto sentido se puede aplicar esta bienaventuranza a José, porque él respondió afirmativamente a la Palabra de Dios, cuando le fue transmitida ... Lo que él hizo es genuina "obediencia de la fe"» (Custodio del Redentor, n. 4). Como escribe Yves Congar: "Los pobres son portadores de esperanza. Verdad es que pueden sentirse aplastados y sólo sobrevivir en una especie de inconsciencia, por un instinto animal, pero los pobres que tienen una conciencia espiritual dirigen sus ojos hacia el futuro. De este modo se convierten en una fuerza histórica, aunque sea en un presente de impotencia. En medio de las vicisitudes y de una tierra surcada por ejércitos e invasiones, el pequeño pueblo de los pobres de Yahvé vivió, hasta María (y José), Ana y Simeón, su espera de la consolación de Israel. Finalmente este pueblo abrió el camino al futuro" [La pobreza como acto de fe, Concilium 124 (1977)127].

A este respecto, afirma Hans Urs Van Ballthasar: "Con la renuncia que le fue impuesta, el hombre no fue dejado de lado, sino honrado como nunca lo había sido antes: su estado marital es liberado del círculo sin fin de muerte y generación; su renuncia física no elimina su fecundidad, sino que le dé cumplimiento, y así, la incluye en la economía de la Nueva Alianza" (en P. Coda, Ministerio Trinitario y Familia, Semana de Estudios Trinitarios, Salamanca 1995, p 218).

¡Cuán lejos estamos de Saramago, El Evangelio según Jesucristo, que nos dibuja un José agobiado por el sentimiento de culpa!, y eso que "Saramago ha creado un José psicológicamente mucho menos complejo que Festa Campanile o Martín Garzón" [Juan A. Marcos, San José en la novela contemporánea, Estudios Josefinos 99 (1996) 21]. Lo bueno es que el mismo analista confiesa: "Estas tres novelas no aportan nada a la espiritualidad y devoción josefinas" (p. 23)· La última palabra no la tiene el fracaso, sino la comunión de vida con Dios. Ésta lleva al hombre a aceptar de buen grado el fracaso, aunque con frecuencia no lo comprenda, a considerarlo de menos valor que esa comunión de vida con Dios... No es el aspecto negativo del fracaso, sino su aceptación positiva lo que tiene una significación salvífica (E. Schillebeeckx, a.c., p. 410).

Si es verdad que los santos nos comunican sus luces y su fervor, pedimos desde ahora a San José que su santidad ilumine nuestra entrega en un acto de fe profundo, ahora y en la hora de nuestra muerte ...

Eusebio Ma. Ramos, m.j.

Tomado de: El Propagador de la Devoción al señor San José, Año 142, N. 6, Junio 2013, pp. 8-10.

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San José (Canto a San José)

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En el Jubileo de los 100 años de un gran apóstol de San José, II Parte

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San José en el Simposio Internacional de Kevelaer 2005

San José en la pintura de Ricardo González Copado

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Conversación con San José / Rozmowa ze Świętym Józefem

Audio: La virtud de San José

Video: San José, un hombre, un santo

Video: 18 de marzo de 2009 Meditación Josefina en el rezo de Vísperas de Benedicto XVI

Video: 19 de marzo de 2009 Palabra de vida dedicada a San José por el P. Jesús Higueras

Video: 19 de marzo de 2009 La actualidad de San José. Por José Luis Navas

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Benedicto XVI, Misa del 19 de marzo de 2009. Viaje Camerún-Angola.

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